Tenemos miles de historias que contar; alumnos, madres, padres, abuelas, todos aportan y ayudan a mantener vivo Sport Is Your Gang México.

 
 

1. Conoce la historia de David López

 
 

David es joven de 21 años que creció en Ecatepec, uno de los municipios más violentos con el mayor índice de delincuencia y asesinatos del país.

Su niñez fue dura porque con tan solo 10 años, se quedaba solo en casa porque su mamá trabajaba todo el día  y no tenía tiempo para él, y tampoco contaba con el apoyo de su padre al que siempre sintió ausente.

David se sentía solo, sin cariño sin atención. Empezó a  salir de su casa en busca de compañía y atención que no encontraba en casa, las calles le ofrecieron alcohol y drogas. La relación con su familia fue empeorando y por eso nunca estaba en casa, pronto abandonó los estudios para estar con sus amigos y consumir drogas.

El camino de David por las drogas escaló muy rápido: tachas cocaína y otras cosas; en su desesperación llegó a darse dosis diarias dos tres veces al día. Intentó dejarlo pero la ansiedad que sentía se lo impedía, al grado de no poder dormir sin estar drogado.

El camino de David por las drogas fue escalando muy rápido, consumiendo tachas cocaína y demás drogas, llegándose a drogar casi a diario dos tres veces al día. David intentó dejar las drogas, pero la ansiedad que sentía se lo impedía, al grado de no poder dormir sin estar drogado.

Después de seis años en la drogadicción y el alcoholismo, un día lo movieron las ganas de ser un peleador reconocido llevaron a David conocer al profesor Oscar Peyrot quien lo entrenó en muaythai  por varios años, haciéndolo un peleador capaz de competir a un selectivo Estatal y Nacional.

En el proceso el profe Peyrot le brindó la confianza de formar parte de Sport Is Your Gang como instructor, pronto el profesor vio su cambio radical y le asignó más grupos, y así David empezó a tener más responsabilidades, ya que él nunca había tenido una responsabilidad de tal magnitud, y eso lo entusiasmaba mucho.

 

 

 

 

Impartiendo sus clases se volvió poco a poco lo más importante, y así fue cambiando su pensamiento a uno más positivo y dejó las amistades que lo inducían a recaer, pues prefirió su deporte ya que el profe le inspiró demasiada confianza para cambiar su entorno de vida .

Gracias al programa, David ve la vida de forma diferente.  Ahora entrena todos los días y la nueva familia marcial que encontró en Sport Is Your Gang le inspira para poder cumplir su sueño de ser un peleador reconocido. Regresó a la escuela y ahora está en la recta final para obtener una Licenciatura.

Hoy tiene la oportunidad de ayudar a los chavos con las mismas situaciones con las que él creció y se les acerca con toda confianza y honestidad para que, al igual que él, ellos también puedan dejar las drogas y pandillerismo por medio del proyecto Sport Is Your Gang, y ayudar a los demás a retomar el control de sus vidas.

David intenta ser mejor y contar sus propias vivencias y dificultades que venció  gracias al deporte y la disciplina.  

Ahora es un instructor con la empatía para entender a otros y ayudarlos a cambiar sus vidas gracias a Sport Is Your Gang

Si tú quieres que otros jóvenes como David escriban de nuevo su historia y sean vistos no como el problema, sino como la solución y si crees que los mexicanos tenemos la capacidad de re-escribir nuestra historia tantas veces como sea necesario.

Si quieres ser parte de la transformación, únete a Sport Is Your Gang México, ayúdanos a re-escribir muchas historias más. 

 

 

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2.  Cristina: Afrontando la adversidad con honor

 
 

Cristina es una joven de 25 años, madre y padre de un niño de 10 años. Siempre estuvo rodeada de pandillas. Su padre es alcohólico, vivía con su papá y su hermana en Estados Unidos. Su hermana ha sido como una madre para Cristina, y es una mujer luchadora que tiene un trabajo estable con el que mantiene a toda su familia.

Cristina, su padre y su hermana se fueron a Estados Unidos a cumplir el sueño americano; sin embargo, por su alcoholismo, el padre no duraba en los trabajos. Así, luego de 3 años intentando tener una vida ahí, regresaron a México. Ahí, Cristina se enamoró de un joven que andaba en pandillas, y quedó embarazada, pero poco después lo asesinaron de una forma sospechosa, y los padres de este joven culparon y la acusaron por el asesinato.

Cristina estaba sola y con un niño a su cargo, sentía resentimiento y coraje por lo sucedido, se decía a sí misma “¿por qué me pasan estas cosas solo a mí?”, sin encontrar una respuesta y saber qué hacer.

Inmersa en la soledad, Cristina comenzó a tomar alcohol y consumir drogas  para olvidar la pena que sentía y no afrontar la realidad. A esto, la familia del padre de su hijo, preocupados por el futuro de este niño, se lo llevaron para vivir con ellos, quitándole la custodia a Cristina. Esto dejó a Cristina aún más sola y vulnerable, y por eso comenzó a buscar llenar ese vacío con hombres. Soportaba golpes y engaños y otros tipos de maltrato de parte de sus parejas porque también eran drogadictos, y para Cristina, estar con ellos era la única forma de conseguir droga.

Tanta era su necesidad de drogarse, que soportaba hasta el hecho de que su última pareja trajera a otra mujer a su casa, a quién además golpeaba. Hasta que un día, Cristina despertó y vio llegar a su casa a la policía. La otra mujer que vivía en su casa los había acusado a ella y a su pareja de secuestro, y fueron llevados inmediatamente a la cárcel.

Cristina no entendía qué pasaba, para ella ese día fue pura confusión, y mucho menos entendía cómo se había permitido a sí misma llegar hasta ese punto.

Ya en el reclusorio, Cristina se sentía muy triste por defraudar a su hermana, y por pensar que estando ella en la cárcel iba a ser un motivo más para que su padre siguiera en el alcoholismo. Se culpaba a sí misma, y entró en una gran depresión hasta el punto de querer suicidarse. 

 

 

Un día, ella y sus demás compañeras reclusas fueron llamadas a ver una exhibición de Muaythai organizada por Sport Is Your Gang México (SIYG). Al probar la clase de exhibición, le llamó la atención la sensación de paz y tranquilidad que le daba el hacer Muaythai. A medida que iba a las clases, descubrió que esa era la única forma de sentirse mejor y en armonía consigo misma.

Al estar todo el día encerrada, se dio cuenta que una clase de SIYG le daba, más que una hora de actividad física, un espacio para sentirse libre. Fue así como empezó a recuperar la esperanza.

Nancy y Mario, sus profesores de SIYG, la animaban en cada clase diciéndole “en cuanto sientas que no tienes ganas de vivir, llámanos”. Poco a poco, Cristina comenzó a recobrar la confianza en sí misma, y se convenció de que las cosas solo podían solucionarse por ella misma. Encontró en sus profesores un apoyo, sobre todo porque le llevaban libros de motivación y, gracias a ello, entendió que las circunstancias no le quitaban el derecho a escoger o decidir cómo se sentía.

“Un guerrero puede estar lastimado, pero puede seguir caminando con honor”, esa idea minó en el corazón de Cristina, inspirándola a cambiar su vida.

Un año después de asistir a las clases de SIYG, Cristina por fin salió de la cárcel y está luchando por recuperar la custodia de su hijo. Su hermana la recomendó en un trabajo, donde gana bien, se siente motivada y valorada. Cristina ya no se droga ni toma alcohol.

Después de salir de la cárcel, Cristina sigue asistiendo a las clases de SIYG en otro local, y cuando no puede ir, su profesor le comparte rutinas y tips de ejercicios para que no pierda el ritmo y la conexión con el deporte. Cuando siente que quiere recaer, busca consejos en personas positivas y que no se drogan.

Cristina es una mujer que se ha reinsertado en la sociedad gracias al deporte y que ha visto o encontrado en el Muaythai una oportunidad de cambiar su forma de ver la vida.

Cristina es una de las 400 mujeres en situación de cárcel que SIYG ha ayudado a reinsertarse en la sociedad y salir de la drogadicción y el alcoholismo. ¡Tú puedes hacer que más mujeres como Cristina re-definan sus vidas gracias a SIYG y a la filosofía del Muaythai!

 
 
 

3. Miguel "Coco"

 
 

Él es Miguel, conocido ahora como Miguelito “COCO”, un niño de 11 años, con muchísima energía, vivaz y muy afectivo; cursa el sexto año de primaria en una escuela pública del centro de la ciudad de México.

Miguel, como muchos niños de su comunidad, pertenece a una familia separada, sus padres se divorciaron hace unos años, y aunque Miguel sigue viendo a su padre, se siente solo, sin la figura masculina, a quien contar los cambios que está viviendo, por la etapa adolescente en la que se encuentra, lo que hace que busque un modelo que cubra ese vacío.

Sin embargo, el apoyo y gran ejemplo de su mamá lo mantiene a salvo mientras se encuentra en casa. Pero al enfrentar la vida social, escolar y el entorno en que se encuentra, rodeado de adicciones, delincuencia y vandalismo, Miguel tiene un cambio con sus compañeros en la escuela y tiende a tomar otras actitudes, se torna agresivo y grosero con las niñas, irrespetuoso y rebelde, solo para ser aceptado en su grupo de amigos.

La mamá de Miguel, al ser madre y padre a la vez, se da cuenta de estas actitudes y cambios de conducta, por lo que busca actividades que contrarresten este tipo de comportamiento, probando con danza y pintura en centros comunitarios, ya que en las escuelas públicas no se ofrecen este tipo de actividades que son de un elevado costo.

La mamá de Miguel hace muchos trabajos a parte del suyo, para ganar dinero extra y poder pagar actividades extraescolares que no son gratuitas. Ella hace de todo un poco como: manualidades, costura, repostería, etc., aun así, no logra cubrir los gastos de los talleres particulares.  

 

Manteniendo este afán de encontrar una actividad que desarrollara y canalizara la atención y energía de Miguel, encontró el grupo de SIYG, siendo uno de los niños con los que empezó el grupo.

La señora recordaba a un profesor que hace algunos años había enseñado Muaythai a sus hijas mayores y luego se enteró que él era parte se SIYG. El profesor la invitó a participar y le comentó que esta organización enseña una filosofía de vida a través del Muaythai, con la ventaja de ser gratuita.

Un año después de asistir a clases, Miguel es uno de los miembros de SIYG más entusiasta y ha vuelto a ser respetuoso con su mamá y hermanas, así como con las niñas de su clase, y además es empático con sus compañeros. Ahora su mamá está más tranquila porque sabe que Miguel tiene en su maestro de Muaythai a un hombre al que admira, y que junto a su mamá y SIYG, protegen a Miguel de las dificultades que lo rodean.

Miguel, es uno de los 3,000 niños y adolescentes mexicanos que están desarrollando una masculinidad respetuosa y sana, gracias al compromiso de su madre y el trabajo de los profesores de SIYG.

Si crees que muchos niños mexicanos como Miguel se pueden convertir en ciudadanos constructores de paz y desarrollo en sus familias y comunidades, apoya a SIYG.